Lo que pasa es que sé cuál es su lugar: lejos de ti.
Aunque no quisiera, la vida sigue. Nos da un golpe tras otro y sigue, sigue hacia delante, inevitablemente. Sin más. Sin pensárselo dos veces. Y nosotros nos empeñamos en enfrentarnos a ella. Nos rebelamos, una y otra vez. Pero llega un momento en el que ya no aguantas. Llega un momento en que no puedes enfrentarte a ella, una vez más, y seguir luchando. Más aún, cuando llevas meses luchando, día a día. Hay batallas que ni se ganan ni se pierden: hay batallas que no se llegan a librar jamás. Esta es una de ellas, siempre supe que tú y yo jugábamos en ligas diferentes.
No me ha ganado la vida: jamás lo hará. Yo he dejado de sufrir y ella ha seguido hacia delante, impasible, como siempre. Como debe ser. Ella no lucha, ella te enseña. Ella te golpea para que tú aprendas a recuperarte y a seguir hacia delante. Es el momento de abrir los ojos. Es el momento de olvidarse de los defectos y pensar en las virtudes. Es el momento. Es ahora. Ha llegado la hora de librarse de los prejuicios y comerse el mundo.
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