Sé que me he portado mal, y que olvidé demasiado pronto todo aquello de lo que eras capaz. Reconozco que te juzgué antes de tiempo, y que no te di ni una oportunidad para demostrarme lo que podías lograr. Sé que te merecías esa confianza que, este año, no llegué a depositar en ti. A pesar de todo, hoy te doy las gracias.
Gracias por arroparme en los momentos más difíciles, por hacerme olvidar por un momento el corazón y darle una oportunidad a la cabeza. Gracias por congelar mis sentimientos, para que pudiera ver cuál es la decisión que de verdad me conviene. Gracias por abrirme los ojos, por alejar todo aquello que me ciega y me impide pensar con claridad.
Siempre supe que traías lo mejor del año. Siempre he confiado en ti y nunca me has decepcionado. Una vez más, tu tiempo se acaba, pero te esperaré hasta que vuelvas, con este corazón caliente que necesita, de vez en cuando, que alguien le muestre el camino.
Bendita Navidad.

Hay cosas que solo pasan en Navidad, la cordura esta entre ellas.
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