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domingo, 18 de diciembre de 2011

Es la época...

Poco a poco se acerca el momento de hacer balance, llega ese tiempo en el que todos hacemos recuento, y nos acordamos de los que ya no están a nuestro lado, y agradecemos la presencia de aquellos que, a lo largo del año, han pasado a formar parte de nuestras vidas.
Diciembre ha dejado de ser lo que era. Este año, Diciembre es mi enemigo, es tan perro como junio, o como septiembre. Diciembre ha dejado de traer ilusiones y este año no me ha traído más que decepciones. Intento convencerme de que aún debería darle una oportunidad, pero no me veo con fuerzas.
Me da mucha pena, no puedo evitar entristecerme viendo cómo es más la gente que se ha ido que la que ha llegado. Me mata por dentro ver que no están aquellos que una vez prometieron quedarse.
El año nuevo siempre es una excusa para los pobres de espíritu, para hacerse mil y una promesas, jurando que cambiarán de vida. Pero nada cambia jamás, todos lo sabemos.
Algunos buscan dejar de fumar, otros se convencen de que se apuntarán al gimnasio. Yo, personalmente, suelo jurarme que no volveré a enamorarme. Y, como siempre, mi propósito acaba perdido entre miles de papeles en algún rincón de uno de esos cajones que nunca se abren.
No estoy muy segura de poder seguir soportando promesas sin cumplir. Y menos las que me hago a mí misma. Sé que debería dejarlo pasar, pero no puedo. No me deja el corazón. Sí, el mismo que cada día está más lleno de arañazos.

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