He decidido esconderme. No me siento capaz de aguantar tus juicios una y otra vez. Mandas señales que ni tú entiendes, y yo no hago más que verme obligada a ir desapareciendo, poco a poco, para que no puedas seguir mi rastro y acabar conmigo.
Soy de la opinión de que huir no es una opción, pero no me gusta ser idealista. Una vez comprendes que es imposible ganar, no merece la pena seguir luchando. Prefiero apartarme del camino y dejar que la vida siga su curso, como siempre.
En mi empeño por esconderme, me he recluido en este recóndito lugar alejado de los focos, y donde pretendo ir enumerando mi particular colección de cicatrices. Huelga decir que son todas obra tuya...
Creo que darte los detalles de cómo lograste romperme el corazón es darte un gusto que no te mereces, y no es bueno reconocer la vulnerabilidad de uno mismo. Es la única razón por la que me voy. No te garantizo que desaparezca del todo, pero sí de la pantalla de tu ordenador.
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