Me niego a seguir perdiendo mi vida hablando de amor o, lo que viene a ser lo mismo, hablando de ti.
Puesta a perder mi vida, prefiero tener que encontrarla escondida entre cosas bonitas. Desde pequeña he tenido una intrigante atracción por todo lo que es bello. Un gesto, una forma, un cuerpo, una cara, hasta lo más nimio. Encuentro la belleza en cualquier sitio: en una ordenación aleatoria de elementos, en el arco que forma el flexo que se curva sobre mi cabeza mientras estudio, en un garabato en el margen de un libro...
Mi sueño es perseguir a la pasión, que está encerrada en cada uno de los seres de este mundo. ¿Te has fijado alguna vez en la manera en la que a una persona le brillan los ojos cuando habla de su pasión? Nunca he visto algo igual de increíble que ese brillo.
Escribo estas líneas buscando una armonía perfecta que me lleve a crear algo bello, mientras miro por la ventana y veo una formación de nubes ordenadamente desordenada. Hasta las contradicciones son bellas, hasta el no estudiar cuando hay que hacerlo. Hasta el cabreo más profundo supone manifestar una de las emociones más potentes que tenemos los seres humanos. Me diréis que no es belleza... Como cuando te cabreas con esa persona y crees que en el momento podrías llegar a matarla, estás sintiendo algo tan fuerte por ella que no te cabe dentro, que sientes que explotas...
Decía que me niego a seguir perdiendo mi vida hablando de ti y que preferiría perderme en tus ojos mientras hablas de mí, o perder la cabeza mientras me miras... Se quiere con el corazón y no con la cabeza. Y me lo repetiré una y mil veces y, aún así, seguiré queriendo a otros con la cabeza mientras trato de no quererte a ti con el corazón.
Por cierto, aunque no te lo creas, ya ha pasado un año desde que hablo de ti.
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